domingo, 6 de diciembre de 2009

sábado, 5 de diciembre de 2009

La trampa de Andrés





Un día, cuando estaba anocheciendo, el ruido de un motor comenzó a sonar a lo lejos. Era demasiado tarde para una visita pero el pequeño furgón atravesó el camino que llevaba a la granja y aparcó justo delante del granero.

Andrés, el ratón más goloso de la aldea, pegó su ojo izquierdo al agujerito de la tabla más oscura del establo y comprobó cómo alguien con un peto vaquero y una gorra azul entregaba un paquete a Enrique, el dueño de la granja.

- “Un queso!!!!” –- pensó el goloso roedor

seguro que es un exquisito queso amarillo brillante”. Se había levantado de la siesta y estaba dispuesto a seguir la pista de un manjar que ya se había prometido suyo.

El granjero cogió la caja envuelta en papel marrón donde decía: “Mensajería Valentino y entró en la casa principal para revisar el contenido. Además de ser muy glotón, Andrés era una animal pequeñito y especialmente curioso. Asomó el hocico por el cristal de la ventana y, de manera instintiva, levantó las cejas cuando comprobó que, en lugar de su queso, Daniela, la dueña de la granja, posaba sobre la mesa de la cocina una trampa para ratones. Era un objeto muy extraño. Tenía muchos alambres y su color gris destacaba sobre los cuadros rojos del mantel.

Antes de acostarse, Enrique colocó la trampa entre la hierba seca que se acumulaba en el granero y dejó, muy cerca, un trocito de queso que desprendía un olor delicioso. Aquella noche Andrés se acostó preocupado y apenas se hubo dormido, escuchó el canto del gallo que anunciaba un nuevo día.

Sin lavarse los dientes y despeinado, corrió a despertar a Mariana, la única gallina y una de las vecinas con más personalidad del lugar. En otras granjas había varias gallinas para un único gallo, pero Mariana siempre había exigido un lugar propio y exclusivo en el corral, de manera que, ni siquiera los patos más atrevidos, habían osado poner en duda su autoridad.

- Estoy desconcertado!- exclamó Andrés antes de desear los buenos días.Enrique ha comprado una trampa y creo que puede ser peligrosaañadió.

- ¿Por qué iba nuestro granjero a ponerte una tramparespondió la gallina mientras escarbaba en la tierra en busca de los gusanos para el desayuno.

- Porque ha colocado un trozo del queso que Dña Mariana hizo con la leche de cabra Antoniainsistió el Ratón. – y he estado toda la noche resistiéndome a ese delicioso olor. ¿No ves que tengo unas ojeras espantosas?. – Andrés era un poco presumido pero lo bastante listo como para saber que aquella trampa suponía una amenaza para todos.

Ante la indiferencia de Mariana, un poco decepcionado, el pequeño roedor acudió al campo donde Joaquín, el cordero más lozano y tierno de los prados heredados por Daniela, pacía bajo un radiante sol.

- Estoy preocupadodijo el ratón impetuosamente.

- Eh? – El cordero no comprendía.

- ¡Estoy muy muy preocupado!!!.- Insistió

- Hace una hermosa mañanaindicó Joaquín mientras seleccionaba las hierbas más altas evitando las margaritas que crecían discretas entre el verde prado.

- ¡Pues yo estoy preocupado!- En ocasiones, Andrés resultaba un poco insistenteEnrique ha colocado una trampa en el granero y puede ser peligroso ¿no crees?!!!.

- Dios nos protege de todos los males, observa todo los que te rodea: comida suculenta, un hogar acogedor en el que descansar... somos afortunados.

- ¿Significa eso que no me ayudarás con la trampa?- Preguntó el ratón clavando apretando los puñitos de sus patas delanteras.

- “Por supuesto que te ayudaré. Rezaré para que no te ocurra nada malo. Recuerda que debemos ser generosos y atender a las necesidades de los que nos rodean”.

Andrés estaba enfadado. Llevaba varios años habitando en la granja y siempre había colaborado en mejorar las condiciones en que vivían todos sus compañeros. Antes de desayunar corrió al establo donde Catalina, la vaca y representante de todos los integrantes de la granja, descansaba tras ser ordeñada, orgullosa de ser el animal más valioso del lugar. Enrique siempre presumía de tener la vaca más productiva de la región y con frecuencia tenía en cuenta las sugerencias de Catalina.

- ¡El granjero ha puesto una trampa en el establo!espetó el roedor entre jadeos.

- Es algo muy habitual en todas las granjas, no debes desconfiar- añadió la vaca pausadamente.

- Pero está escondida entre la hierba seca y cualquiera podría quedar atrapado!- insistió Andrés indignado.

La vaca, con sus largas pestañas, miró fijamente al ratón y sentenció: “no existe ningún motivo para preocuparse”.

El pequeño animal pensó que pocas veces se había sentido tan triste. Regresó al granero, se miró en la cerradura para arreglarse el pelo y se acurrucó en una de las esquinas para recuperar el sueño pendiente.

Pasaron los meses y Andrés se había acostumbrado a esquivar la trampa entre la hierba seca. En ocasiones el granjero la cambiaba de lugar, y el ratón, inquieto ante la posibilidad de caer en ella, le seguía hasta comprobar el sitio exacto en que la ocultaba. No se había acostumbrado al olor del trocito de queso, pero cada noche realizaba un largo trayecto hasta la despensa para comer. Lo peor sucedió cuando llegó el verano. Entonces Daniela se empeñó en guardar el queso en la nevera.

Un día de septiembre, el ratón oyó un ruido fuerte y seco. Una serpiente se había quedado atrapada en la trampa y Daniela acudió de inmediato. En un intento de liberarla de los alambres, el reptil mordió a la granjera y la dejó gravemente herida. Comenzó entonces una historia que nadie podría olvidar.

Desde los servicios sanitarios de la Comunidad de Madrid enviaron una ambulancia. Las luces naranjas se extendieron en todas direcciones y Andrés acudió de nuevo al agujerito de la tabla más oscura para comprobar cómo la dueña de la granja era trasladada al hospital.

Daniela regresó pronto pero su rostro permanecía pálido y caminaba lentamente cuando recogía los huevos en el corral. En una ocasión, fue Enrique quien acudió a su cita con la gallina. En lugar de registrar entre la paja, tomó directamente a Mariana entre sus brazos y cocinó una sopa especial para que su esposa recuperara el ánimo y volviera de nuevo restablecerse. A partir de entonces, el hombrecillo de Mensajería Valentino traía los huevos en paquetes de cartón cada dos días.

La mujer no terminaba de recuperar su salud y resultaba extraño verla caminando entre los prados. Ya no acudía al establo para ordenar la hierba. Había silencio en la granja. Una tarde de diciembre Andrés escuchó voces en la casa principal. Muchos amigos de la pareja habían acudido a visitar a Daniela y el granjero, como buen anfitrión, se dispuso a proporcionar a sus invitados un manjar para agradecer las atenciones que mostraban ante la enfermedad de su mujer.

El cordero era lo mejor que podía ofrecer y Joaquín ya no volvió a pastar en los prados esquivando margaritas. Quizás nadie en la granja volvió a rezar.

No pasó demasiado tiempo cuando un coche negro atravesó el portalón de entrada y se estacionó ante la puerta de la casa principal. Andrés se puso de puntillas y se pegó al agujerito de la tabla. Aquel hombre no llevaba gorra azul y estaba casi seguro de que no se trataba de un empleado de Mensajería Valentino. Entre el bullicio distinguió voces que destacaban lo caro que había resultado el entierro. Demasiados gastos para afrontar son la venta de Catalina. Era una vaca realmente trabajadora y el granjero vecino había pagado una suma importante.

Andrés regresó a su huequito para descansar. Desde que Daniela cayera enferma, su marido se había deshecho de la trampa y ya no debía ser tan cauteloso. Ahora podía acomodarse en el rincón más blandito de todo el granero sin miedo a ser sorprendido.

Cuando Andrés acudió a sus compañeros no creyeron que la trampa representara ninguna amenaza para cada uno de ellos. Enrique la había colocado en el granero y, además: aquel aparato se denominaba “trampa para ratones”. ¿Quién podría pensar que una gallina, un cordero o una vaca caerían en ella?.


Basado en hechos quasireales

"Mil gracias, dos mil gracias: a Nenú Gómez y Cristina Corpa por la redacción y maquetación del cuento"

jueves, 3 de diciembre de 2009

Una multitud festejó los 20 años de la caída del Muro de Berlín

EL 20 aniversario de la caída del Muro que se celebró el pasado 9 de noviembre

Unas 100.000 personas se concentraron en la capital alemana a lo largo de 1000 piezas de dominó gigantes, que fueron derribadas para representar aquel histórico momento; los actos en la Puerta de Brandenburgo incluyeron un concierto del argentino Baremboim

BERLÍN.- Unas 100.000 personas participaron bajo la lluvia en el centro de Berlín de los festejos que Alemania organizó para conmemorar los 20 años de la caída del Muro de la Vergüenza. La multitud se apostó lo largo de los mil dominós gigantes de poliestireno instalados en el centro de Berlín, que fueron derribados para simbolizar la caída del Muro, según los organizadores.

En total, "varios centenares de miles de personas" han venido a ver los dominós coloridos, pintados por aficionados del mundo entero, desde su instalación, el viernes, en el centro de la capital alemana, subrayó uno de los organizadores. Los curiosos visitaron el fin de semana esta muestra al aire libre en un ambiente de fiesta
familiar.

lanacion.com

miércoles, 2 de diciembre de 2009



RESPONSABILIDAD SOCIAL CORPORATIVA

Algunas definiciones de Responsabilidad Social Corporativa son:
"Responsabilidad social es la forma de conducir los negocios de una empresa de tal modo que esta se convierta en co-responsable por el desenvolvimiento social. Una empresa socialmente responsable es aquella que posee la capacidad de escuchar los interese de las diferentes partes (accionistas, empleados, prestadores de servicios, proveedores, consumidores, comunidad, gobierno y medio ambiente) e incorporarlos en el planeamiento de sus actividades, buscando atender las demandas de todos ellos no únicamente de los accionistas o propietarios" Instituto Ethos Brasil.
"RSC es el continuo compromiso de los negocios para conducirse éticamente y contribuir al desarrollo económico mientras mejoran la calidad de vida de sus empleados y familias, así como de la comunidad loca y sociedad en general" Lord Holme y Richard Watts, Word Business Concuil for Sustainable Development.
"RSC es el compromiso de una compañía de operar de manera económica y ambientalmente sostenible mientras reconoce los intereses los intereses de sus públicos de interés. Los públicos de interés incluyen inversionistas, clientes, empleados. Socios de negocios, comunidades locales, el ambiente y la sociedad en general" Canadian Business for Social Responsability.
La RSD, es una nueva estrategia corporativa ante el nuevo desafío que supone la globalización.
Las motivaciones que impulsan a las empresas pueden ser varios. Desde un asunto de “imagen”, exigencias de los mercados externos, motivaciones éticas, mejora de la rentabilidad.
En general, las empresas privadas, suscitan la desconfianza en las sociedades, la RSD, ofrece una forma de mejorar la imagen de la empresa demostrando otros intereses, a demás los meramente económicos, de obtención de ganancias, frente a la sociedad. La RSD se vincula a valores éticos que guían la conducta empresarial de cada compañía, pero en la práctica no son los valores que exponen de cara al exterior los que suelen guiar la mayoría de las empresas, para las que la RSD es otra forma más de aumentar su rentabilidad, por una parte evitando las sanciones económicas que podrían imponerles en caso de no cumplir con las exigencias de la RSD, y por otro por que gana la confianza de los clientes.
La RSD debería ir más lejos que el mero cumplimiento de la ley para evitar sanciones, pero muchas empresas solo buscan cumplir con su cuota de RSE.
Debe ser que o estoy entre ese amplio grupo que desconfía de las intenciones de las empresas, pero me parece algo similar a lo que ocurre con los riesgos laborales. La empresa donde trabajo presume y hace alarde constante de su plan de prevención de riesgos laborales, al que llama “la cultura de la organización”, que aparece continuamente en los boletines internos que reparte entre sus empleados. Pero que si lees la famosa “cultura” no es más que un corta pega de la “ley de prevención de riesgos laborales”. Vamos, el mínimo a cumplir por ley. Pero que ellos aseguran haber elaborado magistralmente pensando en sus empleados.

"EL CUERVO"

Este es uno de mis cuentos favoritos,

Edgar Allan Poe
EL CUERVO

Cierta noche aciaga, cuando, con la mente cansada,
meditaba sobre varios libracos de sabiduría ancestral
y asentía, adormecido, de pronto se oyó un rasguido,
como si alguien muy suavemente llamara a mi portal.
"Es un visitante -me dije-, que está llamando al portal;
sólo eso y nada más."
¡Ah, recuerdo tan claramente aquel desolado diciembre!
Cada chispa resplandeciente dejaba un rastro espectral.
Yo esperaba ansioso el alba, pues no había hallado calma
en mis libros, ni consuelo a la pérdida abismal
de aquella a quien los ángeles Leonor podrán llamar
y aquí nadie nombrará.
Cada crujido de las cortinas purpúreas y cetrinas
me embargaba de dañinas dudas y mi sobresalto era tal
que, para calmar mi angustia repetí con voz mustia:
"No es sino un visitante que ha llegado a mi portal;
un tardío visitante esperando en mi portal.
Sólo eso y nada más".
Mas de pronto me animé y sin vacilación hablé:
"Caballero -dije-, o señora, me tendréis que disculpar
pues estaba adormecido cuando oí vuestro rasguido
y tan suave había sido vuestro golpe en mi portal
que dudé de haberlo oído...", y abrí de golpe el portal:
sólo sombras, nada más.
La noche miré de lleno, de temor y dudas pleno,
y soñé sueños que nadie osó soñar jamás;
pero en este silencio atroz, superior a toda voz,
sólo se oyó la palabra "Leonor", que yo me atreví a susurrar...
sí, susurré la palabra "Leonor" y un eco volvió la a nombrar.
Sólo eso y nada más.
Aunque mi alma ardía por dentro regresé a mis aposentos
pero pronto aquel rasguido se escuchó más pertinaz.
"Esta vez quien sea que llama ha llamado a mi ventana;
veré pues de qué se trata, que misterio habrá detrás.
Si mi corazón se aplaca lo podré desentrañar.
¡Es el viento y nada más!".
Mas cuando abrí la persiana se coló por la ventana,
agitando el plumaje, un cuervo muy solemne y ancestral.
Sin cumplido o miramiento, sin detenerse un momento,
con aire envarado y grave fue a posarse en mi portal,
en un pálido busto de Palas que hay encima del umbral;
fue, posóse y nada más.
Esta negra y torva ave tocó, con su aire grave,
en sonriente extrañeza mi gris solemnidad.
"Ese penacho rapado -le dije-, no te impide ser
osado, viejo cuervo desterrado de la negrura abisal;
¿cuál es tu tétrico nombre en el abismo infernal?"
Dijo el cuervo: "Nunca más".
Que una ave zarrapastrosa tuviera esa voz virtuosa
sorprendióme aunque el sentido fuera tan poco cabal,
pues acordaréis conmigo que pocos habrán tenido
ocasión de ver posado tal pájaro en su portal.
Ni ave ni bestia alguna en la estatua del portal
que se llamara "Nunca más".
Mas el cuervo, altivo, adusto, no pronunció desde el busto,
como si en ello le fuera el alma, ni una sílaba más.
No movió una sola pluma ni dijo palabra alguna
hasta que al fin musité: "Vi a otros amigos volar;
por la mañana él también, cual mis anhelos, volará".
Dijo entonces:"Nunca más".
Esta certera respuesta dejó mi alma traspuesta;
"Sin duda - dije-, repite lo que ha podido acopiar
del repertorio olvidado de algún amo desgraciado
que en su caída redujo sus canciones a un refrán:
"Nunca, nunca más".
Como el cuervo aún convertía en sonrisa mi porfía
planté una silla mullida frente al ave y el portal;
y hundido en el terciopelo me afané con recelo
en descubrir que quería la funesta ave ancestral
al repetir: "Nunca más".
Esto, sentado, pensaba, aunque sin decir palabra
al ave que ahora quemaba mi pecho con su mirar;
eso y más cosas pensaba, con la cabeza apoyada
sobre el cojín purpúreo que el candil hacía brillar.
¡Sobre aquel cojín purpúreo que ella gustaba de usar,
y ya no usará nunca más!.
Luego el aire se hizo denso, como si ardiera un incienso
mecido por serafines de leve andar musical.
"¡Miserable! -me dije-. ¡Tu Dios estos ángeles dirige
hacia ti con el filtro que a Leonor te hará olvidar!
¡Bebe, bebe el dulce filtro, y a Leonor olvidarás!".
Dijo el cuervo: "Nunca más".
"¡Profeta! -grité -, ser malvado, profeta eres, diablo alado!
¿Del Tentador enviado o acaso una tempestad
trajo tu torvo plumaje hasta este yermo paraje,
a esta morada espectral? ¡Mas t e imploro, dime ya,
dime, te imploro, si existe algún bálsamo en Galaad!"
Dijo el cuervo: "Nunca más".
"¡Profeta! -grité -, ser malvado, profeta eres, diablo alado!
Por el Dios que veneramos, por el manto celestial,
dile a este desventurado si en el Edén lejano
a Leonor , ahora entre ángeles, un día podré abrazar".
Dijo el cuervo: "¡Nunca más!".
"¡Diablo alado, no hables más!", dije, dando un paso atrás;
¡Que la tromba te devuelva a la negrura abisal!
¡Ni rastro de tu plumaje en recuerdo de tu ultraje
quiero en mi portal! ¡Deja en paz mi soledad!
¡Quita el pico de mi pecho y tu sombra del portal!"
Dijo el cuervo: "Nunca más".
Y el impávido cuervo osado aun sigue, sigue posado,
en el pálido busto de Palas que hay encima del portal;
y su mirada aguileña es la de un demonio que sueña,
cuya sombra el candil en el suelo proyecta fantasmal;
y mi alma, de esa sombra que allí flota fantasmal,
no se alzará... ¡nunca más!

ENSAYO SOBRE LAS MARCAS

Las marcas, no son garantías de la calidad de un producto. Hoy en día el mercado está lleno de productos iguales, de una calidad similar. Lo que diferencia a estos productos es la marca, y por supuesto, “el precio”. Sin embargo el poder de la marca es obvio. Se paga un valor mucho más alto por un producto idéntico a otro. No solo compramos un producto, la utilidad de ese producto, compramos la marca. Ha adquirido un valor por encima del mismo producto, adquiere un valor por sí misma. ¿Qué queremos comprar a través de una marca? no compramos solo un producto, compramos lo que la marca representa para nosotros. Las marcas ofrecen “estilos de vida”, relacionamos determinadas marcas con grupos, estatus… nos vestimos de una manera, usamos un perfume concreto…de una marca determinada de acuerdo a la vida que llevamos o nos gustaría tener. Si el consumidor cree que puede alcanzar ese estilo de vida, un sueño, una meta, consume, el capitalismo se sustenta en el consumo.

Es curioso que si preguntas por que se utiliza un estilo de vestir, unos productos determinados, la mayoría responderá que tiene un estilo propio, pretende distinguirse de los demás, de la masa, solemos pensar que somos originales o al menos pretendemos serlo. Se busca una identidad personal que te distinga del resto. Sin embargo lo hacemos a través de marcas archiconocidas que usa todo el mundo y que además suelen copiarse unas de las otras y acaban ofreciendo productos muy parecidos. Una marca, en muchas ocasiones, entra en decadencia cuando se da este fenómeno, que comienzan a usarlo algunos grupos sociales, ya que pierde interés para sus consumidores más elitistas, que pretenden diferenciarse de la “plebe”. Porque ese es otro uso que se le da a las marcas. Diferenciar el estatus social frente a los demás. El uso de una determinada marca se relaciona con un estatus, con una posición social, unos determinados ingresos, y también pagamos por eso. Se pretende ser identificado con una posición social, aunque a menudo no sea la real. Y por supuesto, cuanta más cara sea una marca, mayor es el estatus que evoca. Estamos dispuestos a pagar un precio alto por un producto que posiblemente no lo valga, pero… compramos algo más que el producto.

En el actual mercado, las empresas tendrán que escoger entre las ventajas que ofrece la popularización de la marca, tendrán un margen más amplio de consumidores, o las que ofrecen conservar su exclusividad, reservándose a clientes más “top” que la abandonarían en caso de popularizarse. O por qué no, crear marcas secundarias a un precio más asequible y mantener un precio más elevado en sus marcas más exclusivas. De esta forma, cada uno obtendrá el estilo de vida anhelado, diferente del resto, que represente el grupo con el que te identificas, pero eso sí, comprándoselo todos a “los mismos”.

«Quizá el más famoso de estos experimentos fue el que Coca-Cola hizo en 1998, cuando organizó un concurso entre varias escuelas que debían proponer estrategias para distribuir cupones de la bebida entre los alumnos. El colegio que propusiera la mejor ganaría 500 dólares. El colegio de secundaria Greenbriar de Evans, Georgia, se tomó el certamen muy en serio, y organizó el Día oficial de la Coca-Cola a finales de marzo, durante el cual todos los alumnos debían acudir a clase con camisetas de Coca-Cola, se hacían una fotografía en una formación que dibujaba la palabra Coca-cola, asistían a conferencias ofrecidas por ejecutivos de Coca-Cola y durante sus clases aprendían sobre todo lo existente y que fuera negro y con burbujas. Aquello parecía el paraíso de la marca, hasta que la directora advirtió que un tal Mike Cameron, de diecinueve años, llevaba puesta una camiseta con el logo de Pepsi en un censurable acto de provocación. Fue suspendido de inmediato por semejante delito. «Sé que puede parecer mal: "Un escolar es castigado por llevar una camiseta de Pepsi en el Día de la Coca-Cola"», explicó la directora, Gloria Hamilton. «Hubiera resultado aceptable de estar sólo entre nosotros, pero se hallaba presente el presidente regional de Coca-Cola y algunas personas habían venido en avión desde Atlanta para hacernos el honor de hablar en nombre de nuestros promotores. Los estudiantes sabían que teníamos invitados»."»

“El poder de las marcas”, Naomi Klein

Me cae bien ese tal Mike CAmeron!!